El Sukhoi T-4 Sotka, fue concebido a finales de la década de 1960 como respuesta soviética al North American XB-70 Valkyrie estadounidense. Su misión principal era realizar ataques estratégicos a altísimas velocidades, capaz de alcanzar Mach 3 y operar a más de 20.000 metros de altitud. Sukhoi, que ya tenía experiencia en cazas de altas prestaciones, diseñó el T-4 con una estructura predominantemente de titanio y aleaciones resistentes al calor, incorporando innovaciones como el morro abatible para mejorar la visibilidad en el aterrizaje, similar al usado posteriormente en el Concorde.
El desarrollo del T-4 implicó avances revolucionarios para la ingeniería soviética, incluyendo nuevos métodos de soldadura por haz de electrones y sistemas hidráulicos de alta presión. A pesar de que su predecesor conceptual podría considerarse el Tupolev Tu-22 Blinder, el proyecto Sukhoi buscaba ir mucho más allá en alcance y velocidad. Sin embargo, su elevado coste, complejidad técnica y la rivalidad entre las oficinas de diseño Sukhoi y Tupolev llevaron a la cancelación del programa en 1974, justo cuando comenzaban las pruebas de vuelo del primer prototipo. El proyecto nunca tuvo un sucesor directo, aunque algunas de sus tecnologías influyeron en el desarrollo posterior del Tupolev Tu-160 BlackJack y de cazas avanzados soviéticos.
El único ejemplar del T-4 construido voló por primera vez en 1972 y hoy se conserva en el museo de Monino, cerca de Moscú. Pese a su breve historia, el Sotka simboliza la cúspide de la ambición tecnológica soviética durante la Guerra Fría.













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